CAPÍTULO 12: Testimonios y Experiencias
“Contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; cantaré a tu nombre, oh Altísimo” (Salmo 9:1-2).
La fidelidad de Dios no es solo doctrina: es historia viva. A lo largo de los procesos de acompañamiento pastoral, el Espíritu se ha encargado de recordarnos que Él ya estaba obrando mucho antes de que llegáramos con una agenda o una metodología. Los testimonios recogidos en distintas iglesias locales son evidencia de esto. No son relatos de éxito humano, sino de misericordia divina.
1. El avivamiento que ya había comenzado
En una conferencia de pastores, comenzamos con una pregunta inesperada:
“¿Qué es avivamiento para ustedes?”
Hubo un silencio. Algunos pastores bajaron la mirada. Entonces uno dijo:
“Para mí, avivamiento era cuando llenábamos el templo... pero ahora no sé.”
No corregimos. Solo preguntamos:
“¿Cuándo fue la última vez que sintieron que Dios estaba claramente presente en medio de su iglesia?”
Uno respondió: “Cuando una familia que nunca había venido a la iglesia, trajo comida para toda la congregación tras una semana de luto”.
Otro: “Cuando los jóvenes organizaron una vigilia sin que nadie se los pidiera”.
Otro más: “Cuando una mujer que odiaba a su suegra la abrazó llorando tras una predicación”.
Y ahí estaba el avivamiento: no como fenómeno masivo, sino como presencia fiel de Dios en medio del quebranto. El coaching solo ayudó a abrir los ojos. Lo que buscaban ya había comenzado.
2. Cuando las preguntas abren el alma
Uno de los instrumentos más poderosos del proceso es la pregunta apreciativa, guiada por la Palabra y la oración. Aquí algunas que han transformado el camino de varias comunidades:
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“¿Dónde has visto a Dios actuar en tu iglesia en los últimos tres años?”
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“¿Cuál fue el momento más significativo de adoración en esta comunidad que recuerdas?”
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“¿Quién aquí ha sido un instrumento de gracia en tu vida?”
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“¿Qué harías si supieras con certeza que Dios ya ha provisto lo necesario?”
Estas preguntas no solo generan reflexión: generan encuentro. Las lágrimas que surgen, los silencios largos, los testimonios espontáneos... todo es señal de que el Espíritu está trayendo a memoria la fidelidad de Dios.
3. Retroalimentaciones que sanan
En una iglesia que comenzaba a trabajar con líderes cansados y divididos, cada sesión terminaba con una simple consigna:
“Escribe una oración por el hermano que más te costó escuchar hoy.”
No fue estrategia, fue gracia. A las pocas semanas, líderes que no se hablaban comenzaron a servirse café uno al otro. Uno incluso compartió:
“Dios me mostró que no escuchaba a mi hermano porque me recordaba a mi padre. Pero hoy decidí bendecirlo.”
Eso no estaba en el plan. Pero estaba en el propósito.
4. El Espíritu siempre sorprende
Una iglesia rural, pequeña, sin músicos ni internet, comenzó su proceso compartiendo historias de fracaso. Pensaban que el coaching los ayudaría a crecer en estructura. Pero en una de las reuniones una mujer dijo:
“Creo que Dios no quiere que tengamos estructura, sino que abramos nuestra casa al pueblo.”
Hoy esa iglesia ya no se reúne solo el domingo. Se reúnen tres veces por semana en distintas casas, con comida, oración y testimonio. No tienen culto litúrgico formal, pero todos saben que adorar es abrir la puerta y dar testimonio del Dios que los restauró.
5. Cada historia, una manifestación del Hilasterion
El propósito de este capítulo no es contar logros. Es recordar el trono de gracia. En cada testimonio hubo un momento en que la iglesia se dio cuenta de que ya estaba delante de Dios, no por su estrategia, sino por la obra de Cristo. Esa conciencia cambia el caminar.
Y en cada caso, el coach fue solo un instrumento. No el constructor. No el protagonista. Solo un acompañante con los pies descalzos, sabiendo que pisa tierra santa.
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